En los últimos días, Jujuy enfrenta una situación preocupante debido a la persistente escasez de naftas. Varios surtidores cerraron temporalmente, y la imagen de carteles que anuncian la falta de combustible se volvió común en la provincia.
En aquellas estaciones de servicio que aún tienen combustible disponible, se formaron largas filas de vehículos que serpentean por las calles, y la espera se volvió interminable, con demoras que superan las cuatro horas. Esta situación afectó a miles de automovilistas jujeños, quienes se vieron obligados a hacer malabares para conseguir nafta.
El transporte público de pasajeros no fue ajeno a esta compleja situación. Durante el fin de semana, la Unión Tranviarios Automotor (UTA) de Jujuy anunció que los dueños de las líneas de colectivos urbanos e interurbanos iban a reducir los recorridos. A pesar de que algunas empresas lograron abastecerse y operan con normalidad, otras se ven forzadas a comprar combustible al por mayor, lo que implica costos entre $60 y $80 pesos más por litro.
Como resultado de esta crisis, miles de usuarios jujeños fueron afectados en su movilidad diaria. Las críticas se centran en los retrasos para llegar al trabajo o a clases, así como en los montos elevados que deben pagar por servicios de remises debido a la falta de colectivos. La falta de combustible y la reducción de frecuencias de transporte impactaron significativamente en la rutina de la población de Jujuy.
La provincia continúa enfrentando el desafío del desabastecimiento de combustible, y la incertidumbre persiste mientras los ciudadanos buscan alternativas para sobrellevar esta situación.














